El Club Estudiantes de La Plata informa, con pesar y tristeza, el fallecimiento de Marcos Norberto Conigliaro, una de las máximas leyendas de nuestra institución y gloria de Old Trafford.
Delantero temible y ser humano excepcional, Marcos tenía 83 años y se encontraba rodeado de sus familiares y seres queridos al momento de su partida.
Quilmeño de nacimiento y santafesino por adopción, ya que se había radicado en la localidad de San Jorge en 1996, Conigliaro marcó uno de los tantos más importantes de la historia del fútbol argentino, al convertirle a Manchester United en La Bombonera el gol que representó el triunfo 1-0 en el partido de ida de la Copa Intercontinental, a la postre decisivo para que Estudiantes se consagre campeón del mundo en Inglaterra aquel 16 de octubre de 1968.
Cultor de la humildad y del perfil bajo, valores que representan a todos los integrantes de aquella generación dorada en la historia de Estudiantes, Conigliaro fue protagonista de todos los títulos que ganó aquel equipo de Osvaldo Zubeldía: la mencionada Copa Intercontinental, pero también el Metropolitano de 1967, la Copa Interamericana 1969 y las tres Libertadores consecutivas: 1968, 1969 y 1970.
Había debutado con la camiseta de Quilmes, con tan solo 15 años, despertando el interés de Independiente, que compró su pase y lo mudó a Avellaneda, donde completó su formación en divisiones inferiores. Más tarde vestiría la camiseta de Chacarita antes de arribar a Estudiantes, donde jugó cinco temporadas entre 1965 y 1970, disputando 232 partidos y convirtiendo 54 goles.
Su nivel en aquellas conquistas le valió la convocatoria a la Selección Argentina, con la que disputó tres partidos y convirtió dos goles, nada menos que ante Brasil y Uruguay.
Antes de su retiro, jugó en México, Bélgica y Suiza. A los 34 años, y mientras se encontraba en Chile a punto de iniciar un nuevo ciclo, decidió colgar los botines y se dedicó al rubro comercial. También fue entrenador y docente, en su propia escuela de directores técnicos.
Conigliaro fue siempre una figura respetada y querida por hinchas de todas las generaciones, que agradecían no solo su infinita modestia, sino la concreción de aquel gol que cambió para siempre la historia del Club.
Durante la Asamblea General Ordinaria del pasado octubre, Marcos arribó en silencio y permaneció de pie hasta que alguien lo invitó a ocupar un asiento en una de las primeras filas. Fue entonces cuando los socios y socias advirtieron su presencia y le brindaron, también de pie, una ovación infinita.
Los ecos de aquellos aplausos todavía resuenan en UNO, en una institución que, 58 años después, continúa disfrutando las mieles de aquel grito inmortal.
“Mi vida cambió desde el momento que llegué a Estudiantes”, declaró alguna vez. “Ahí aprendí a que lo más importante no era el yo, sino el conjunto, y a raíz de eso es que se pudieron conseguir tantas cosas.”
Gracias por todo, Marcos querido. Por tus valores. Tu sonrisa tímida. Por el agradecimiento modesto. Por tu entrega y tu aporte para que el Club Estudiantes de La Plata sea hoy el que todos queremos.
Hasta siempre, Campeón del Mundo.
