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Historia • 4 abril 2024

"Dios me tenía reservado un lugar maravilloso: Estudiantes de La Plata"

Ex Soldado de Malvinas, 
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"Vos querés silencio y el bombardeo no termina más", expresó con crudeza alguna vez Juan Gerónimo Colombo, nacido el 26 de diciembre de 1962, sin esquivar una de las tantas preguntas en su post guerra. Todo un caso de superación, de los pocos que se puedan contar en el mundo del fútbol. Sobreviviente de la guerra y perseguidor de sus sueños que, ayudado por la familia de Estudiantes, un día pudo debutar en el fútbol profesional, partido del que se cumplieron 41 años.

El 3 de abril de 1983 tuvo sus primeros minutos, una tarde de domingo en la que el Pincha gritó ganador en Córdoba por el torneo Nacional de ese año, en un interinato de Oscar Malbernat como técnico del primer equipo. "Cuando Cacho me dijo ‘Colombo, movete que va a entrar’, sabes como salí…"

Atrás quedaban las luchas de superación, el trauma de ver morir a compañeros en una verdadera masacre de la batalla del último día en Monte Longdon, de la angustia posterior y de los catorce kilos que había perdido, junto a una hepatitis que hizo larga la vuelta al club. Pero Colombo tuvo su revancha.

Un equipo alternativo enfrentó a Unión San Vicente, una de las sorpresas de aquel campeonato federal, porque el Pincha volvía a jugar Copa Libertadores de América y el entrenador Eduardo Manera llevó a todos los titulares a Chile, para presentarse ante Cobreloa el martes 5 en el desierto de Calama. Los once de esa tarde fueron Islas; Malvárez, Moreno, Jeannoteguy, Craviotto; Hugo Teves, Astudillo, Custodio Mendes; Rezza, Rodríguez y Alberto Jesús Benítez. En el banco esperaban los pocos que imponía el reglamento de entonces: Juan Carlos Benítez, Norberto Gómez, Gustavo Héctor Baudino, Luis Garro y Juan Colombo.

El equipo albirrojo rugió y se impuso 4-2 en una tarde emocionante. A los 22 minutos abrió la cuenta el "Pata" Rodríguez, a los 34 aumentó Alberto Benítez (el más experimentado de aquellos once y que venía de Colombia) y a los 39 un cabezazo de Rezza puso el 3-0 parcial. Pero los locales descontaron dos veces, a los 42 del primer tiempo y a los 20 del segundo.

Malbernat movió el equipo y puso a dos debutantes más, Luis Garro y al pibe que venía de la guerra, Colombo, que entró en lugar de Rezza. "Pegatele a Beltrán", le ordenó. Faltaban cinco minutos y el partido estaba tenso, 2-3. "El cordobés Beltrán, que había jugado en Gimnasia, estaba cansado y yo tenía unas ganas. En una contra, corro cruzando la mitad de la cancha y me iba hacia el área cuando me hacen foul de atrás. Pateó Teves y terminamos 4-2", revive hoy Juan. Había pasado un año y un día del desembarco del ejército argentino en las Islas.

Ese delantero grandote, de 1.85 de alto y con la potencia que desplegaba en sus 83 kilos, alcanzó a jugar diez partidos (4 como titular y 6 como suplente) sumando 412 minutos en cancha. Muchas veces alternó en Reserva, en una época próspera. En la fotografía que acompaña esta nota, con la platea techada del viejo Estadio "Jorge Luis Hirschi" detrás, aparecen arriba Craviotto, Montenegro, Nacho Martínez, Javier Orengo, Nicolás Villamil, Patricio Arizaga; y abajo Gustavo Rezza, Juan Colombo, Guillermo Alonso, Sergio Recchiutti y Cechini.

Estudiantes, que lo supo esperar, comprobó de qué estaba hecho el espíritu de ese excelente muchacho de pueblo y con aptitudes futbolísticas que le vieron, entre otros, Zucarelli y Bilardo. Fue Carlos quien determinó que firmara el primer vínculo contractual en diciembre de 1982, cuando habían pasado seis meses del conflicto bélico con el Reino Unido.

Jugó un puñado de partidos en el Metropolitano ´84, cuando a cuatro fechas de la definición sufrió una lesión grave en la rodilla derecha (cruzado anterior, meniscos y ligamento lateral interno), precisamente en Córdoba, la provincia donde había debutado. Fue en los últimos minutos de un partido contra Instituto, el último oficial, el 24 de noviembre de 1984 en el actual Estadio "Mario Kempes".

"Lo mío fue medio intermitente, con desgarros mal curados antes de ese problema en la rodilla", cuenta Colombo. Entre otras escenas, hoy viene a su memoria "Un cabezazo en el palo contra River, en el Monumental". Y amistades que lo marcaron, como Luis Islas.

Ante la nueva dificultad física, el club volvió a esperar por él antes de acordar el adiós, dándole el pase en el momento que él deseara, cuando tuviera otro destino. "Estudiantes me devolvió la vida por tantos gestos que pintan lo que es esta institución. Disciplina, responsabilidad y sentido de pertenencia es el método Estudiantes que hoy implemento en mi ciudad natal, con el fútbol infantil y la escuela en el Club Atlético Roque Pérez y ya nos ha dado grandes logros. Cuando terminó la guerra, Dios me tenía reservado un lugar maravilloso: Estudiantes de La Plata. Y cuando me fui de del Pincha sentía que había logrado la gesta de Old Trafford con Zubeldía. El club, su gente, y Bilardo que me esperó, salvaron mi vida. Fue lo mejor que me pasó y te lo digo como hincha fanático de San Lorenzo de Almagro".

El agradecimiento fue mutuo antes de marcharse. Aunque Juan Gerónimo Colombo no se irá más del corazón de Estudiantes ni de un país que le rinde honores como veterano de guerra, en defensa de la soberanía nacional.

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