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ADN • 9 enero 2016

Lolo: un leoncito luchador

La historia de vida de Lolo es la de un gladiador: a los 7 años luchó contra una leucemia aguda que dejó secuelas irreparables en su cuerpo. Durante la internación se hizo fanático de aquel equipo que conquistó la Copa Libertadores de América. Hoy Santiago Pomies es socio, fue al Estadio y presenció una práctica del plantel profesional.
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En aquel Julio de 2009 Estudiantes conquistaría América. Las hazañas del equipo eran vistas por cientos de hinchas en cada estadio y también por miles y miles más a través de la televisión. En un hospital de Buenos Aires se encontraba Lolo, un pequeño de 7 años a quien la vida golpeó desde el comienzo. Atravesaba el final de una lucha frente a una aguda leucemia, donde la quimioterapia cortó los nervios de su cuerpo, posibilitándole movilizar sólo los brazos, del hombro hacia abajo, pero no las manos. Era hincha de otro equipo, pero su madre fue pincharrata desde la cuna e hizo que mire toda la campaña albirroja en la Copa.  Cuentan que los médicos ingresaban a la sala y le preguntaban:

-¿Hoy como te sentís, gallina?

Y Lolo contestó:

-Ya no me llames más gallina. Ahora llamame león.

Andrea, su madre, nació en 1968, plena época de gloria pincha. Argentina era roja y blanca, y creció repitiendo "Tudiante" todos los días. Es la única hincha de Estudiantes en su familia, ya que los demás son de otros clubes. Desde el 2009 ya no está sola: ahora tiene a su hijo acompañando su pasión. Pasión a distancia, porque la familia no es de La Plata, sino de Bella Vista, al noroeste del Gran Buenos Aires.

Lolo tiene 13 años, y no tuvo secuelas psicológicas ni cognitivas. Según Andrea, es muy pícaro y tiene un humor bastante peculiar. Pasó a 3° año de la secundaria, y asiste al colegio con un acompañante. Algunas pruebas las hace de forma oral y otras le dicta a Abel (su acompañante) las respuestas.

Andrea afirma que "como padres no queremos que nuestros hijos sufran; cuando están con pares, la diferencia se acentúa y eso a nosotros nos duele. Pero es muy probable que el chico lo tome de otra manera". En el caso particular de Lolo, cuenta que "él marca un poco el ritmo porque es muy inteligente y capitalizó muy bien la experiencia dramática que le tocó vivir de tan chico". "Siempre le pregunto qué quiere hacer, si se sentiría cómodo o no y es muy lúcido para responder esas cosas. Aunque, si no lo dejo ir al Estadio por el frío me dice: es mi cuerpo, yo me conozco. Estudiantes lo vale".

Su familia lo hizo socio desde el año pasado y fueron al Estadio en un par de oportunidades; si no puede hacerlo, mira los partidos por televisión, aunque es un manojo de nervios si el equipo no rinde como le gustaría. En una ocasión fue frente al Monumental, donde el equipo ganó 1-0 frente a River, que venía invicto. Allí la seguridad local les ofreció ayuda para subir a una tribuna, ya que los palcos estaban llenos y son de difícil acceso. La condición era que Lolo se saque la remera del Pincha. "Yo la camiseta no me la saco. Vamos a casa". Y volvieron a Bella Vista, sintonizando el partido en la radio.

En aquel partido pudo ingresar al vestuario, vio las pizarras de la charla técnica y se animó a decirles a los jugadores que "hoy ganaban y le sacaban el invicto a las gallinas".  Tenía unos nervios bárbaros antes de entrar, pero se quedó impresionado por lo bueno que eran con él. Para Andrea "es impresionante ver como gente que no te conoce se acerca, te desea cosas lindas y lo hacen feliz por un rato. Como madre es impagable".

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