La undécima entrega de Conociendo Filiales llega hasta Tierra del Fuego para conocer a Leones del Fuego, una filial fundada en 1995 que creció junto con Ushuaia y reúne las historias de quienes llevaron a Estudiantes hasta el extremo sur del país.
Estudiantes cuenta con filiales en distintos puntos del país y del mundo. Socios, hinchas y familias se organizan para sostener el vínculo con el club, acompañar a quienes viven lejos de La Plata, desarrollar acciones en sus ciudades y seguir haciendo crecer a Estudiantes en cada territorio.
A través de la Coordinadora de Filiales, el club acompaña ese trabajo, articula iniciativas y busca darle mayor visibilidad. Conociendo Filiales nació con ese objetivo: contar las historias y recorridos de quienes hacen Estudiantes lejos de UNO y del Country Club de City Bell.
Antes de llegar a Ushuaia, la serie pasó por Mar del Plata, Bariloche, Londres, Catamarca, Rosario, Zona Sur, Córdoba, Posadas, Magdalena y Barcelona. Diez lugares diferentes, con distancias, paisajes e historias propias, unidos por una misma red que continúa creciendo alrededor del club.
Conociendo Filiales
Cambios
Ezequiel Moyano llegó a Ushuaia cuando tenía apenas tres meses. Su familia era platense y de Estudiantes, pero él creció a miles de kilómetros de una ciudad en la que encontrarse con los mismos colores forma parte de la vida cotidiana.
Por eso, cada viaje familiar a La Plata tenía una escena que su padre ya conocía. Mientras entraban por el Camino Centenario, Ezequiel empezaba a señalar desde el auto cada camiseta que descubría: “Papá, mirá, ahí hay uno de Estudiantes. Mirá, allá hay otro”. La respuesta explicaba todo con naturalidad: estaban llegando a La Plata.
En Ushuaia era diferente. Durante buena parte de su infancia, Ezequiel convivió principalmente con camisetas de Boca y River y podía pasar mucho tiempo sin cruzarse con otro hincha de Estudiantes. Encontrar uno alcanzaba para llamar su atención.
La ciudad en la que creció tampoco es la misma de hoy. Ushuaia tenía 45.785 habitantes en 2001 y alcanzó los 82.615 en 2022, un crecimiento cercano al 80% en poco más de dos décadas. El proceso estuvo fuertemente atravesado por la migración interna y la búsqueda de oportunidades laborales: desde 2003 se profundizaron las políticas de promoción industrial en Tierra del Fuego y, en la capital provincial, el crecimiento del turismo acompañó también la llegada de nuevos habitantes.
Entre quienes llegaron hubo familias provenientes de La Plata, el Gran Buenos Aires y distintos puntos del país. Con ellas viajaron también sus clubes, sus costumbres y sus historias, y aquella rareza que Ezequiel había experimentado durante la infancia empezó a repetirse cada vez menos.
Así aparecen algunos de los recorridos que hoy confluyen en la filial. Lucas Concia llegó después de haber crecido muy cerca de Estudiantes y de City Bell; Martín Núñez se instaló en 2004 con una historia familiar ligada al club; Maximiliano Varela había conocido a Estudiantes de otra manera, durante los años en los que vivió y estudió en La Plata. Ezequiel, en cambio, prácticamente había crecido en Ushuaia.
Leones del Fuego
La filial había nacido antes de que ellos protagonizaran su etapa actual. Fue fundada el 23 de octubre de 1995, apenas cinco años después de que Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur dejara de ser Territorio Nacional y fuera declarada provincia por la Ley 23.775, sancionada el 26 de abril de 1990 y promulgada el 10 de mayo de aquel año.
Según reconstruyen sus integrantes, Estudiantes se convirtió además en el primer club del fútbol argentino en contar con una filial en Tierra del Fuego, en una provincia que acababa de comenzar su nueva etapa institucional.
Seguir al equipo desde allí tenía dificultades que hoy parecen lejanas. No había internet, las transmisiones no siempre llegaban en directo y en ocasiones encontrar una señal de radio era la única alternativa para saber qué estaba ocurriendo. Eduardo Pocay, uno de los históricos referentes, recordó años después que aquella necesidad fue precisamente uno de los motivos que impulsaron a los primeros hinchas a organizarse: querían juntarse para seguir a Estudiantes en el momento.
Pocay se transformó también en una referencia visible dentro de la ciudad. Después de la Libertadores de 2009 exhibió durante meses una réplica de la Copa en su comercio de la avenida San Martín, rodeada por una bandera y una camiseta de Estudiantes. La ubicación no era menor: se trataba de la principal arteria comercial, a pocas cuadras del puerto y dentro del recorrido habitual de vecinos y turistas.
La actividad de la filial atravesó diferentes etapas. Hubo años de reuniones frecuentes y otros en los que la organización perdió continuidad, hasta que una nueva generación volvió a impulsar los encuentros y recuperó a algunos de aquellos referentes históricos como parte de la memoria de la institución.
En ese proceso apareció también un nuevo nombre. Leones del Fuego no pertenece a aquella fundación de 1995, sino a esta etapa más reciente, y surgió con la intención de reunir dos identidades: la historia heredada de Estudiantes y la pertenencia construida en Tierra del Fuego. “Quisimos representar lo que significaba ser hinchas de Estudiantes en Ushuaia”, explica Ezequiel.
Actualmente la filial cuenta con alrededor de 48 integrantes, aunque sus miembros están convencidos de que la cantidad de Pinchas que viven en Ushuaia es considerablemente mayor. La tarea no pasa solamente por sostener a quienes ya participan, sino también por encontrar a quienes todavía están dispersos por la ciudad.
La reactivación permitió además recuperar actividades que exceden los partidos. En el marco del 121° aniversario de Estudiantes participaron de una comida solidaria destinada a los cuatro cuarteles de Bomberos Voluntarios de Ushuaia y acompañan un proyecto surgido en el ámbito universitario para desarrollar un espacio deportivo identificado con los colores y los valores del club.
Leones del Fuego tampoco funciona de manera aislada. El contacto con otras filiales, especialmente dentro de la Patagonia pero también en distintos puntos del país, permite resolver consultas, acompañarse durante los viajes y recuperar una relación más directa con La Plata y con el club. Martín lo experimentó al compartir actividades con integrantes de diferentes lugares: personas a las que conocía desde hacía apenas horas terminaron tratándolo, según recuerda, como si lo conocieran de toda la vida.
Combatir la soledad
La distancia explica una parte de la vida de la filial. El clima, otra.
Un partido nocturno puede terminar cerca de la medianoche y, durante buena parte del año, festejar un campeonato supone salir al centro con temperaturas que no invitan precisamente a permanecer mucho tiempo en la calle. No hay una esquina establecida para las celebraciones y los propios integrantes reconocen una dinámica fueguina mucho más ligada a las reuniones puertas adentro.
Maxi recuerda especialmente el Apertura 2006. La final frente a Boca lo encontró en un bar prácticamente ocupado por hinchas rivales, en una época en la que acceder a una transmisión era además mucho más difícil que en la actualidad. Cuando terminó el partido salió hacia el centro y empezó a encontrarse con camisetas que hasta entonces no sabía que estaban allí.
Apareció uno, después otro y después otro más. “¡Vos también sos de Estudiantes!”, recuerda haber pensado mientras se formaba un grupo de unas treinta o cuarenta personas que terminó celebrando por las calles de Ushuaia.
Nostalgia
Lucas conoce esa sensación desde otro lugar. Creció entre La Plata y City Bell, estuvo vinculado durante años a contenidos del club y, después de instalarse en Ushuaia, empezó a sentir con mayor fuerza la ausencia de cosas que antes formaban parte de su rutina.
A veces alcanza con salir vestido de Estudiantes y que alguien toque bocina, o con cruzarse inesperadamente con otro Pincha en un banco, en la universidad o en la calle. “Esos encuentros son hermosos porque anestesian un poco la nostalgia”, explica Lucas sobre algo que antes era cotidiano y que a miles de kilómetros adquiere otra dimensión.
La geografía suma además una sensación particular. Lucas cuenta que no es extraño escuchar a alguien que visita la isla decir que al día siguiente “vuelve a Argentina”, una frase imposible desde el mapa pero comprensible para quien experimenta la insularidad, las horas de vuelo y las enormes distancias que separan a Tierra del Fuego del resto del país.
Por eso, encontrarse con algo que remita a La Plata ayuda a acortar esa distancia. Puede ser otro hincha, alguien que conoce la ciudad o una conversación que empieza hablando de jugadores y partidos y termina reconstruyendo calles, momentos compartidos y lugares que quedaron lejos.
Martín comprobó hace poco que esa función sigue vigente. Durante un estudio médico, la persona que lo atendió le contó que acababa de llegar a Ushuaia desde Tolosa y que era hincha de Estudiantes. La reacción fue inmediata: había que sumarla al grupo de la filial.
Para alguien recién instalado en una ciudad nueva, aquel contacto terminó siendo también uno de sus primeros espacios de socialización. La misma organización que en 1995 había nacido para que un grupo de hinchas pudiera seguir juntos un partido, casi tres décadas después seguía sirviendo para que otro Pincha encontrara rápidamente a los suyos.
Lo que el Pincha se llevó
Maxi llegó a Estudiantes por elección. Cuando se mudó a La Plata para estudiar no tenía una identificación fuerte con ningún club, pero durante los años que vivió en la ciudad empezó a acercarse a la vieja cancha, a sus amigos Pinchas y a una manera de vivir el fútbol con la que terminó sintiéndose representado.
“Cuando me vaya de La Plata, algo de acá me tengo que llevar”, pensó entonces. Ese algo fue Estudiantes, y años más tarde volvió a aparecer en su hijo Tadeo, que hoy estudia en La Plata, va a la cancha siempre que puede y alguna vez le dejó a su padre una frase que Maxi recuerda especialmente: “Gracias por hacerme de Estudiantes, papá”.
La historia de Martín viene por otro camino. Su padre, Juan Carlos, eligió Estudiantes pese a crecer dentro de una familia identificada con Independiente y terminó de fortalecer ese vínculo cuando estudió en La Plata. Cuando la familia se mudó al sur en 2004, parte de una colección de camisetas y recuerdos reunida durante años se perdió durante el viaje; con el tiempo, Martín volvió a construirla.
Lucas piensa menos en los objetos que en las experiencias. Recuerda entrar de chico al viejo estadio, los tablones, los viajes y aquellas bolsas llenas de papelitos que sostenía durante el partido esperando un gol para poder arrojarlas. Alguna vez volvió a su casa con la misma bolsa porque Estudiantes no había convertido y, muchos años después, encuentra en esas vivencias compartidas buena parte de lo que el club representa en su vida.
Ezequiel vuelve inevitablemente a su familia. En uno de sus viajes a La Plata fueron a visitar a su abuelo, que ya rondaba los noventa años. En algún momento el hombre se quedó dormido y su padre les propuso prepararse en silencio para ir a la cancha; por su edad, entendían que aquella vez ya no estaba para acompañarlos.
Cuando estaban a punto de salir lo vieron aparecer en el umbral de la puerta. Se había despertado, se había vestido de Estudiantes y estaba listo para ir con ellos: no pensaba quedarse en casa mientras el resto de la familia se iba a la cancha.
Son historias diferentes. Un club elegido de grande y transmitido después a un hijo; una herencia familiar que viajó hasta el sur; una infancia construida alrededor de la cancha; un abuelo que, cerca de los noventa años, todavía se preparaba para acompañar a los suyos. Hoy todas conviven dentro de Leones del Fuego, junto con las de quienes llegaron antes y las de aquellos que todavía faltan encontrar.
Desde aquel 23 de octubre de 1995 cambiaron Ushuaia, las comunicaciones y las formas de seguir un partido. La razón para organizarse, en cambio, sigue siendo reconocible: que en el extremo sur, incluso cuando el invierno empuja hacia adentro y La Plata queda a miles de kilómetros, siempre haya otro Pincha con quien anestesiar la nostalgia y combatir la soledad.
Ficha Técnica
Nombre: Leones del Fuego
Localidad: Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina.
Fundación: 23 de octubre de 1995
Miembros activos: 48
Contacto: Teléfono 54 9 2901 60-4016 | mail: ushuaia@filiales.estudiantesdelaplata.com
Redes sociales: IG@leonesdelfuego1968
Comisión Directiva: Eduardo Pocai (Presidente) – Diego Fernández (Vicepresidente) – Jorge Rabassa (Secretario) – Juan Manuel Gaurdamagna (Tesorero) – Ezequiel Moyano (Vocal) – Pablo Ortíz Pino (Vocal 2).






