La décima entrega de Conociendo Filiales llega a Barcelona para contar la historia de Pablo Piatti - Mística Pincha, una filial nacida hace más de dos décadas y reconstruida por hinchas que encontraron en Estudiantes algo más que un lugar para mirar los partidos: una forma de volver a encontrarse con los suyos.
Estudiantes tiene filiales en distintos puntos del país y del mundo. Socios, hinchas y familias se organizan para sostener el vínculo con el club, acompañar a quienes viven lejos de La Plata y representar sus valores en cada territorio.
A través de la Coordinadora de Filiales, el club acompaña ese trabajo, articula iniciativas y busca darle mayor visibilidad. Conociendo Filiales nació con ese objetivo: contar las historias y recorridos de quienes hacen Estudiantes lejos de UNO y del Country Club de City Bell.
En Barcelona, la distancia no se mide solamente en kilómetros.
Conociendo Filiales
Encontrar a los tuyos
Diego Sánchez había llegado a Barcelona hacía poco tiempo cuando una imagen lo detuvo en pleno Barrio Gótico. Trabajaba con turno partido y aprovechaba el corte para comer y descansar un rato antes de volver. A lo lejos vio a un hombre con un buzo negro Adidas de Estudiantes. No necesitó más.
“¡Pincha!”, le gritó.
El otro se dio vuelta. Empezaron a hablar. Era otro hincha del club, relacionado con una filial que por entonces estaba prácticamente desarmada. Intercambiaron contactos y comenzaron a reencontrar personas.
“Fue como lo vi y fue como: ‘uff, necesitaba esto’”, recuerda Diego.
La escena no era nueva para él. Había crecido en Parque Avellaneda, en Buenos Aires, siendo uno de los pocos hinchas de Estudiantes de su entorno. Desde chico adquirió una costumbre: si encontraba una camiseta del Pincha, se acercaba a hablar. Años después, instalado en otro continente, volvió a hacer exactamente lo mismo.
Gonzalo Medina Alonso atravesó una búsqueda parecida, aunque después de un recorrido diferente. Nació en La Plata, creció en la zona de 10 y 40 y pasó buena parte de su adolescencia viajando detrás de Estudiantes con sus amigos y una bandera del barrio. Después vivió en Alemania, Italia y finalmente llegó a Barcelona.
En Leipzig, encontrar otro pincha era mucho más difícil. Miraba partidos de madrugada, buscaba hinchas en grupos de argentinos y alguna vez terminó compartiendo Estudiantes con compañeros colombianos y chilenos con los que jugaba al fútbol. Barcelona le ofreció algo distinto: una comunidad argentina mucho más numerosa y una filial a la que pudo incorporarse.
Lautaro Pérez también nació en La Plata. Hasta mudarse a España había organizado buena parte de sus fines de semana alrededor de la cancha. Nicolás Talone llegó hace tres años junto a su mujer y sus dos hijos.
Los cuatro traían historias distintas. En Barcelona encontraron la misma necesidad.
Mística Pincha
La historia de la filial había comenzado mucho antes. En 2004, Andrea Jalil impulsó la creación de Mística Pincha. Las herramientas disponibles eran otras: a través de una sección llamada “Argentinos por el Mundo” de El Día, buscaba en internet personas que hicieran alguna referencia a Estudiantes y las contactaba por correo electrónico.
Así fue armando una primera red.
Con el crecimiento de las comunicaciones se incorporaron más hinchas y el Mundial de Clubes de 2009, disputado en Abu Dhabi, encontró ya a un grupo organizado y con una presencia importante. Después llegaron años de menor actividad, distintos referentes y una etapa en la que incluso se perdió parte del registro institucional de aquella historia.
El grupo volvió a tomar impulso y en 2025 recuperó su reconocimiento formal como filial del club. Renovaron además su imagen, manteniendo el nombre Mística Pincha e incorporando referencias de Barcelona, como la Sagrada Familia.
En 2026 sumaron a Pablo Piatti como referente y el espacio pasó a identificarse como Filial Pablo Piatti – Mística Pincha. La elección tiene además una pequeña conexión con la ciudad: entre 2016 y 2020, Piatti jugó en el Espanyol de Barcelona, donde tuvo un paso destacado.
Hoy el grupo de WhatsApp supera el centenar de integrantes, aunque la particularidad de Barcelona obliga a hacer una distinción. Es una de las ciudades más visitadas de Europa y permanentemente aparecen hinchas de Estudiantes que están allí por algunos días y preguntan dónde mirar un partido. Por eso, además del grupo amplio, fueron construyendo otro espacio para quienes viven de manera más estable en la zona.
Todavía, dicen, quedan muchos por encontrar.
Algunos ni siquiera nacieron en Argentina. Gonzalo cuenta que ha cruzado personas nacidas en Cataluña que heredaron Estudiantes de sus familias y continúan siguiendo al club desde allí. La lógica sigue siendo bastante parecida a aquella del primer correo de 2004 o al grito de Diego en el Barrio Gótico: detectar a otro pincha y acercarse.
Gritos mudos a la madrugada
Vivir Estudiantes en Barcelona obliga a modificar algunas rutinas. La diferencia horaria transforma un partido nocturno en Argentina en una cita que puede comenzar a las dos y media de la mañana. Encontrar un bar tampoco es sencillo: muchos establecimientos cierran antes y los lugares que alguna vez aceptaron quedarse abiertos pueden cambiar de dueño, de horario o simplemente dejar de hacerlo.
La filial fue pasando por distintos bares y hoy suele moverse entre espacios del Eixample y el Clot. Cuando no hay lugar, aparecen las casas. Y ahí surge otro problema. En un departamento, a las cuatro de la mañana, un gol no siempre puede gritarse.
“Los goles son… no podés gritar, no podés hacer ruido. Es como todo muy abrazo, en mute”, explica Diego.
Alguna vez no lo lograron. Después de un clásico, los vecinos terminaron arrojándoles huevos desde los edificios por el ruido de los festejos.
La Copa Libertadores lleva ese esfuerzo a su máxima expresión. El partido termina cerca de las cinco. Después aparecen los mensajes, las repeticiones, la bronca o la euforia. Y unas horas más tarde empieza el día laboral.
Cuando se realizó la entrevista para esta nota, Diego había sido papá hacía apenas veinte días. Trabaja de manera autónoma y comenzaba su jornada a las seis de la mañana. Durante uno de los últimos partidos había estado entre su hijo recién nacido, su compañera, la televisión y los mensajes con amigos. Al terminar, prácticamente siguió de largo.
Lautaro tiene otra estrategia: negociar. Para poder estar con la filial en un partido, pidió salir una hora antes del trabajo. “Como que amoldás más Estudiantes a tu vida cotidiana”, explica.
Nico organiza la cena familiar temprano, manda a dormir a sus hijos, se acuesta en el sillón y programa una alarma. Se levanta antes del partido, abre una cerveza y mira a Estudiantes mientras el resto de la casa duerme.
El problema no es únicamente el horario. Barcelona es una ciudad profundamente futbolera, pero la manera de relacionarse con el juego no siempre coincide con la que ellos traen desde Argentina. Cuando durante la entrevista le preguntaron a Nicolás cuánto entendían sus compañeros de trabajo esa relación con Estudiantes, respondió con una palabra:
“Cero”.
Explicar que una derrota puede modificar el ánimo durante varios días o que alguien pone una alarma a las dos y media de la mañana para mirar un partido no resulta sencillo. Por eso la filial resuelve algo que no aparece en ninguna transmisión: permite no explicar.
Gonzalo, que muchas veces vio a Estudiantes solo durante sus años en Europa, lo resume así: “La alegría en grupo es diez veces mejor que la alegría en soledad”. Y agrega que también una derrota se lleva mejor cuando puede compartirse. Para él, reunirse con la filial es lo más parecido que encontró a estar nuevamente en La Plata con su familia y sus amigos.
Mucho más que un partido
Nicolás llegó a España con su mujer y sus dos hijos sin tener allí una red propia. Una de sus primeras búsquedas fue Estudiantes.
Encontró un número de contacto de la filial, se incorporó al grupo y tiempo después apareció la posibilidad de participar de un asado. Nico explicó que no podía ir: en ese momento no tenía trabajo.
Las respuestas empezaron enseguida. Algunos ofrecieron contactos en hostelería; otros, distintas posibilidades laborales. Uno de los integrantes le escribió por privado y le preguntó a qué se dedicaba ‘Ingeniero electricista’ fue la respuesta. “Llamame mañana, que estoy armando algo”, le respondió.
“Gracias a eso conseguí trabajo”, cuenta Nico.
La historia permitió poner en palabras una función que el grupo ya cumplía sin necesidad de definirla.
Barcelona tiene, entre otras dificultades, un problema habitacional importante. Cuando alguien necesita una habitación, está buscando empleo o requiere algún contacto para resolver los primeros trámites de una vida nueva, la pregunta muchas veces aparece primero dentro de la filial.
Quienes llevan más años pueden explicar un procedimiento que ya atravesaron, recomendar un lugar o evitarle a otro algunos de los errores que ellos mismos cometieron al llegar.
Cuando las inundaciones provocadas por la DANA golpearon especialmente a Valencia y otras zonas de España, el grupo realizó también un relevamiento para saber si algún integrante necesitaba ayuda.
Pero no siempre hace falta que exista una emergencia. “Hay mucha gente que está sola y que por ahí no te dice ‘yo estoy solo’”, explica Gonzalo. Por eso también organizan asados, encuentros en la playa y reuniones que no necesariamente coinciden con un partido.
En muchas filiales, una parte de la tarea social consiste en salir hacia el barrio o acompañar instituciones de su ciudad. En Barcelona, por las características de quienes la integran, buena parte de ese trabajo empieza hacia adentro.
Diego lo explica desde la experiencia de quien ya atravesó el proceso de instalarse en otro país: con el tiempo aparecen los mismos problemas de trabajo, documentación, vivienda o adaptación. Quien recorrió antes ese camino puede ayudar al que acaba de llegar.
Volver a casa
La última pregunta de la charla buscó ponerle nombres a esas ausencias: si pudieran llevar hasta Barcelona a una persona para compartir un partido de Estudiantes, ¿a quién elegirían?
Nico pensó en su compadre, Matías Greco. Porque cuando piensa en Estudiantes aparecen los viajes, los asados antes de jugar, las pizzas después de los partidos y una vida construida alrededor de la cancha.
Diego eligió a su papá, fallecido en 2019. Fue quien le transmitió el club y con quien compartió los viajes desde Buenos Aires a La Plata cuando todavía no existía la autopista. Horas de camino, autos que se rompían y conversaciones en las que Estudiantes servía muchas veces para terminar hablando de cualquier otra cosa.
“Las grandes charlas con mi papá fueron con Estudiantes en el medio”, recuerda.
Después llegaron los amigos, sus seis sobrinos y ahora su hijo. Para Diego, eso termina explicando casi todo: “Estudiantes para mí es eso: la familia”.
Lautaro eligió a su abuelo. Fue quien lo llevó por primera vez al viejo estadio de 1 y 57, quien le contó las historias del club y con quien pudo compartir los títulos de 2006, 2009 y 2010 antes de su fallecimiento en 2013.
Cuando Estudiantes volvió a UNO en 2019, pensó especialmente en él.
“Para mí, siendo sincero, ir a la cancha es volver a encontrarme con mi abuelo”.
Por eso, cuando tuvo la posibilidad de regresar a Argentina y viajar a una final en Santiago del Estero, aquella experiencia tuvo también esa dimensión. Volver a ver a Estudiantes era recuperar por un rato algo que la distancia había interrumpido.
Gonzalo llevó la pregunta hacia otro lugar.
Pensó en sus amigos. En su esquina de 10 y 40. En caminar hacia la cancha. En llegar antes, encontrarse en el barrio, recordar los tablones, el viejo estadio, las tardes con su padre y los viajes con quienes crecieron junto a él.
Y pensó en UNO y en el Country.
Después de vivir en distintos países, cuando regresa a Argentina siente que todavía está de visita hasta volver a esos lugares. Son los espacios que lo ubican nuevamente en una historia, en una ciudad y en una forma de vida.
Por eso, cuando tiene que explicar qué significa Estudiantes, no habla solamente de fútbol.
“Es básicamente eso: es una casa. Una casa que viene con familia, con amigos, con problemas, con discusiones, con desafíos a afrontar. Pero es eso: un lugar donde uno se siente cómodo y siente que es uno mismo”.
A miles de kilómetros de La Plata, la Filial Pablo Piatti – Mística Pincha cumple justamente esa función.
Hay noches en las que abre un bar para ver un partido. Hay madrugadas en las que los goles deben gritarse en silencio. Y hay días en los que alguien necesita trabajo, una habitación, un trámite, una conversación o simplemente sentarse al lado de otra persona que lo entienda.
En Barcelona, encontrarse con otro pincha también puede ser una manera de volver a casa. a diez mil kilómetros de UNO, no es poca cosa.
Ficha Técnica
Nombre: Pablo Piatti – Mística Pincha
Localidad: Barcelona, Catalunya, España.
Fundación: 2004.
Miembros activos: 21
Contacto: Teléfono 34 665 515 650 | email: barcelona@filiales.estudiantesdelaplata.com
Redes Sociales: IG @filialedlpbarcelona
Comisión Directiva: Diego Aníbal Sánchez (Presidente) – Ariadna Anaclara Frumin (Vice) – Lautaro Pérez (Vicepresidente 2°) – Julia Minatta (Prosecretaria) – Gonzalo Manuel Medina Alonso (Secretario) – Nicolás Andrés Talone (Tesorero) – Javier Pascual (Protesorero) – Valentina Améndola (Vocal 1) – Delfina de Andrés Expósito (Vocal 2) – Sofía Abril Romero (Vocal 3) -Lautaro Odoguardi (Vocal 4) – Diego Spina (Vocal 5) – Hipólito Festa Jalil (Vocal 6) – José Ignacio Cocimano (Vocal Suplente).












